Clínica pediátrica: neumología y alergia infantil

Dr. Ángel Marco Rived

SOBREPESO INFANTIL

Según la OMS (Organización Mundial de la Salud) la obesidad y el sobrepeso han alcanzado caracteres de epidemia a nivel mundial.

La obesidad se trata de la acumulación excesiva de grasa corporal, especialmente en el tejido adiposo, y que se puede percibir por el aumento del peso corporal cuando alcanza 20% a más del peso ideal según la edad, talla y sexo de la persona en cuestión.

Para calcular el peso ideal de un niño entre 2 y 5 años de edad, de forma aproximada, hay que multiplicar la edad en años por dos más ocho (ejemplo: un niño de 5 años, se multiplica la edad (5) por 2 y se suma 8. Es decir, 5×2+8=18 kg aproximadamente).

Para muchas familias el tener un hijo gordito, mofletudo y lleno de pliegues es todo un logro, una señal de que el niño está bien, fuerte, y lleno de salud. Lo importante no es que el niño esté gordo o delgado, lo que interesa es que esté sano. Tanto en Europa como en EEUU, desde los años 90 hasta hoy, la incidencia de la obesidad infantil se ha duplicado. España se ha convertido en el cuarto país de la Unión Europea con mayor número de niños con problemas de sobrepeso; un hecho alarmante en una sociedad con una de las mejores dietas alimentarias del mundo: la dieta mediterránea. En los últimos cinco años la cifra de niños con sobrepeso ha aumentado de un 5% a un 16,1%.

No existe una cantidad exacta de comida que debe consumir un niño. Cada niño es un mundo distinto, y sus deseos y necesidades son diferentes. En razón de eso, es el niño el que puede decir, con exactitud, cuánto puede comer. A diferencia de los niños mayores, la alimentación y la planificación de las actividades de los niños pequeños dependen completamente de los adultos y, además, los niños reproducen sus actitudes de los padres con respecto a la salud. Así pues, los cambios siempre deben basarse en la familia y los padres deberán ser los principales agentes del cambio. Cualquier intervención eficaz debe hacer hincapié en la implicación de los padres, y la puesta en práctica de los cambios sugeridos en el seno familiar dependerá de la buena disposición y capacidad de ellos.

Modificaciones del comportamiento familiar: los padres deben darse cuenta de su condición de modelos de conducta cuyas actitudes y comportamientos afectan directamente a los actos de sus hijos. Deben animarse a servir de modelo de comportamientos sanos y a dar buenos ejemplos a sus hijos, como tomar comidas equilibradas, hacer ejercicio regularmente y ver la televisión con moderación.

Actividad física: Los niños pequeños tienen una tendencia natural a la exploración, el aprendizaje y la actividad física. Poseen un impulso innato a ser activos y, si tienen ocasión, desarrollarán a menudo por sí mismos comportamientos que conllevan un gran gasto energético, intercalados con periodos frecuentes de descanso. Sin embargo, como no pueden mantener la atención durante periodos prolongados y dada su escasa capacidad de coordinación, los niños suelen desobedecer las estrategias que estimulan la actividad física y que pueden funcionar con los adolescentes y los adultos. Fomentar la actividad física en los niños pequeños se basa en pautas de actividad que sean cortas, espontáneas e intermitentes.

Las claves para fomentar la actividad física en los niños pequeños incluyen incorporarla en la vida diaria y crear y mantener un entorno que conduzca al juego activo. Puede consistir en utilizar las escaleras siempre que sea posible, ir andando al supermercado, ir cada día al parque del barrio, pasear al perro y jugar a juegos activos.

Aumentar el tiempo de juego al aire libre es otra forma de mejorar la actividad física.

Comportamientos sedentarios: se recomienda que los niños menores de 2 años no vean la televisión y que, a partir de esa edad, se limite el tiempo que pasan viéndola a menos de dos horas al día. Los niños que no pasan mucho tiempo viendo la televisión y participan en más actividades físicas se aficionan más a éstas que aquellos a los que simplemente se limita el tiempo de televisión. 

Para fomentar los comportamientos no sedentarios, los padres pueden pactar con su hijo que le darán una estrella dorada por cada día que pase una hora jugando al aire libre o dentro de casa con la televisión apagada. Cuando el niño consiga un número determinado de estrellas doradas, la familia premiará al niño con una salida familiar activa, como ir al parque o a la piscina municipal.

Hábitos alimenticios: la primera prioridad en la orientación dietética para niños es dar una educación en nutrición a los padres que explique los principios en que se basan los cambios necesarios. Deberá evaluarse la disposición de los padres para incorporar los cambios dietéticos a toda la familia y habrá que hacer hincapié en la importancia de tales cambios. 

Las dietas a corto plazo que buscan una pérdida de peso rápida y drástica son poco realistas y malas para la salud de los niños. En lugar de ello, incorporar cambios pequeños y graduales en la rutina diaria de la familia proporciona éxitos que aumentan la confianza y estimulan al paciente y a la familia a seguir desarrollando pautas alimentarias y de actividad saludables.

He aquí algunas sencillas sugerencias:

• Servir frutas y verduras en cada comida.

• Fijar un plan de comidas diario (tres comidas equilibradas y dos tentempiés sanos cada día).

• Hacer sustituciones dietéticas sencillas, como eliminar los refrescos azucarados y servir leche de bajo contenido en grasa a los niños a partir de los 2 años.

• Tener en casa sólo aperitivos de bajo contenido en grasa.

• Limitar el consumo de comidas rápidas.

• Comer siempre en la mesa con la televisión apagada.

• No poner en la mesa cantidades extra de comida que permitan repetir.

La forma de presentar la comida al niño, además de los hábitos alimentarios, también es importante. Cada vez hay más pruebas de que los padres que controlan estrictamente las comidas de sus hijos tienen más probabilidades de tener hijos obesos. Esto puede ser debido a que un control excesivo dificulta la autorregulación de energía por parte de los niños, con lo que corren más riesgo de ser obesos en el futuro.

El plan NAOS (Estrategia para la Nutrición, Actividad Física y Prevención de la Obesidad) ha sido desarrollado por el Ministerio de Sanidad y Consumo en colaboración con otras instituciones. Nos centraremos especialmente en aquellos aspectos que más nos afectan y en los que más podemos hacer por nosotros mismos.

Esta iniciativa, que ha sido desarrollada por la Agencia de Seguridad Alimentaria, “no se trata de una campaña puntual sino de una estrategia que se prolongará en el tiempo, con medidas legislativas que impacten a la población y cambien su estilo de vida”, cambiar los hábitos para lograr de forma permanente reducir la obesidad y mejorar nuestra salud.

Para ello se defiende la importancia en esta lucha de las cosas “sencillas y cotidianas, como evitar el ascensor, andar veinte minutos, y mantener una dieta saludable y equilibrada, sin hacer régimen”.

Los dos pilares básicos en la lucha contra la obesidad son una correcta alimentación y una adecuada actividad física.

Recomendaciones en nutrición

  1. Incluir en la dieta la mayor variedad posible de alimentos, para garantizar que ingerimos todos los nutrientes necesarios.
  2. Los hidratos deben ser la base de la alimentación y representar entre el 50 y el 60 % de las calorías: pan, pasta, arroz, patatas, legumbres…
  3. Las grasas no deben superar el 30 % de las calorías. Además, debe reducirse el consumo de grasas saturadas y ácidos grasos.
  4. Las proteínas deben aportar entre el 10 y el 15 % de las calorías diarias, debiendo combinarse proteínas de origen animal y vegetal.
  5. Deben consumirse al menos cinco raciones diarias de frutas, verduras y hortalizas. Aproximadamente, 400 gr/día.
  6. Moderar el consumo de azúcares simples: golosinas, dulces, refrescos…
  7. Reducir el consumo de sal a menos de 5 gr./día, incluida la contenida en los alimentos. Y preferentemente, que sea sal yodada.
  8. Beber entre uno y dos litros de agua al día.
  9. Realizar desayunos completos, que incluyan lácteos, cereales y frutas.
  10. Involucrar a todos los miembros de la familia en las actividades relacionadas con la alimentación: comprar, decidir el menú, cocinar… Todos debemos estar concienciados de la importancia de una nutrición correcta.

Recomendaciones en actividad física

  1. Debemos elegir el tipo de actividad que más se adapte a nuestras preferencias, circunstancias y edad. Quizá no podamos hacer media hora diaria de natación por falta de tiempo o una piscina cercana, pero sí ir a pie. La actividad física debe ser algo que nos divierta, no una obligación fastidiosa.
  2. Conviene restringir a nuestros hijos, y a nosotros mismos, las actividades sedentarias (televisión, videojuegos, ordenador…) y fomentar aquellas que supongan actividad física. Además de luchar contra la obesidad desde pequeños, inculcaremos en ellos hábitos más saludables. Como ventaja añadida, estarán menos expuestos a la publicidad de ciertos productos perjudiciales, como “chuches”, bollos, etc…

La actividad física debe ser a diario, no sólo los fines de semana.

Otras iniciativas

Con independencia de diversas actuaciones que realice la Administración en distintos ámbitos (fabricantes, colegios, sanitarios), nosotros podemos realizar otras iniciativas que complementen a las que ya hemos visto anteriormente, de cara a luchar contra nuestra propia obesidad y la de nuestros hijos:

  • Eduquemos a nuestros hijos en materia de alimentación. Hay que enseñarles que es preferible una manzana a un bollo, y explicarles por qué. Seamos críticos con la publicidad de estos productos y prevengámosles contra las máquinas expendedoras. También nosotros debemos tomar nota.
  • Vigilemos los menús de los comedores escolares y convenzamos a nuestros hijos de que coman de todo. Debemos estar informados de lo que han comido en el colegio para poder complementar en casa su alimentación, si es necesario.
  • Leamos los envases. Los fabricantes se han comprometido a cambiar ciertos ingredientes en sus productos: menos sal en el pan, grasas más saludables, menos sodio… nos beneficiaremos a nosotros mismos, y además premiaremos a estos fabricantes comprando sus productos.
  • Restaurantes: facilitar el consumo de frutas, ensaladas y verduras, información nutricional y calórica de sus platos, reducción de grasas saturadas, reducción de raciones, etc. Seamos críticos y escojamos aquellos establecimientos que mejor cumplan estos compromisos. Nuestra salud saldrá ganando.
  • Acudamos al médico para controles periódicos de nuestro estado de salud, especialmente en lo relativo a la obesidad, diabetes, hipertensión, colesterol, etc.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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