Act. Paediatrica scandinava 2011

Los niños que comienzan a tomar pescado antes de cumplir los nueve meses tienen menos posibilidades de padecer sibilancias en edad preescolar. Por el contrario, afrontan un mayor riesgo aquellos tratados con antibióticos en su primera semana de vida o si su madre tomó paracetamol durante el embarazo, según un estudio sueco publicado “Acta Paediatrica”.

 

Los investigadores han analizado a 4.717 familias, elegidas de forma aleatoria, cuando su hijo tenía seis meses, doce meses y cuatro años y medio.

 

La investigación ha examinado a niños que habían tenido tres o más episodios de dificultad respiratoria durante el año anterior, incluyendo aquellos que usaban y que no usaban medicación para el asma, y los compararon con aquellos niños que no sufrían la enfermedad.

 

La muestra se desglosó más tarde en niños que solo desarrollaron sibilancia viral episódica cuando sufrieron resfriados y en aquellos que padecieron la enfermedad cuando no los sufrieron, pues se debía a otros factores como la alergia, el humo del tabaco o el ejercicio.

 

Las conclusiones fundamentales a las que han llegado los investigadores son que uno de cada cinco niños había padecido, al menos, un episodio de sibilancia, y uno de 20 las había sufrido tres o más veces durante el año anterior. De estos últimos, tres cuartos usaban medicación para el asma y solo la mitad estaban diagnosticados. El 57% de los niños con este problema tuvieron episodios intermitentes de sibilancia viral y en el 43%, la enfermedad reaccionó a otros factores.

 

Comer pescado antes de cumplir los nueve meses de edad reduce casi a la mitad la probabilidad de sufrir sibilancia crónica a los cuatro años y medio. El tipo más ingerido por los niños estudiados ha sido el pescado blanco, seguido por el salmón y el lenguado.

 

Los autores de la investigación ya había informado que el pescado, del cual se cree que contiene propiedades que reducen los riesgos de alergia, es beneficioso, tanto en el eczema infantil, como en la rinitis alérgica en edad preescolar. Otro estudio ha indicado su ayuda a prevenir el desarrollo de asma. Sin embargo, el estudio ha demostrado que aquellos niños que han sido tratados con antibióticos en su primera semana de vida tienen el doble de riesgo de sufrir sibilancia crónica a los cuatro años y medio. Sólo el 3,6% de los niños que no la padecieron habían recibido antibióticos, en comparación con el 10,7% de aquellos que sí tuvieron episodios de sibilancia y que sí los recibieron.

 

Cuando la muestra se desglosó en subgrupos, el riesgo aumentó en los niños que sufrieron sibilancia por varios factores, mientras que el riesgo de padecer sibilancia viral episódica no se incrementó apenas.

Menos de un tercio de las madres, un 28,4%, tomaron medicación durante el embarazo. El 7,7% tomaron paracetamol junto con otros medicamentos y el 5,3% solo tomaron paracetamol. Tomar paracetamol durante el embarazo incrementa el riesgo de que el niño sufra sibilancia un 60%. El efecto se hizo más evidente en los casos de sibilancia debidos a múltiples factores.

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