Desde una perspectiva darwiniana, la música es un misterio. No está claro si la capacidad del ser humano para apreciar una melodía pegadiza confiere alguna ventaja evolutiva o es un subproducto de las adaptaciones más generales relacionadas con el procesamiento de patrones. Pero lo que sí se sabe es que la evidencia de la música ha sido encontrado en toda cultura humana documentada y que casi todos tenemos al menos alguna capacidad innata para reconocer y procesar la canción. El cerebro humano contiene una asombrosa y compleja red neuronal que puede integrar el ritmo, el tono y la melodía con un potencial terapéutico significativo.

La investigación y la experiencia clínica apoyan cada vez más la música como medicina. Acceder y manipular nuestras mentes musicales puede beneficiar numerosas condiciones psiquiátricas, de desarrollo y neurológico.

La música rítmica, se ha que ayuda en la formación y la coordinación de los movimientos y la marcha. La música también aumenta la longitud de la zancada y mejora el equilibrio.

Ayuda a prevenir la pérdida de memoria y crear nuevas memorias asociativas.  La neuroplasticidad o formación de nuevas conexiones neuronales parece ser neuroprotector.

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