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Linfadenopatía se refiere a los ganglios linfáticos que son anormales en tamaño, consistencia o número. Ganglios linfáticos normales generalmente son de menos de 1 cm de tamaño y se pueden palpar en los niños sanos (Kliegman, Stanton, St. Geme, y Behrman, 2011; Nield y Kamat, 2004). Están presentes desde el nacimiento, el pico de tamaño aparece entre las edades de 8 a 12 años y luego regresa lentamente durante la adolescencia. Los ganglios linfáticos de más de 1 cm a cualquier edad (con la excepción de 1,5 cm en la zona inguinal y 0,5 cm en la zona epitrocleares) se consideran grandes (Kliegman et al, 2011;. Morland, 1995). Los ganglios linfáticos palpables supraclaviculares, poplíteos, ilíacos y también se consideran anormales (Friedmann, 2008).

Los ganglios linfáticos se componen principalmente de los folículos, centros germinales y los linfocitos de células B y células T. Los ganglios linfáticos drenan áreas contiguas. Los ganglios cervicales drenan el área de cabeza y cuello, ganglios axilares drenan el brazo, el tórax y el pecho, los ganglios epitrocleares drenan el antebrazo y la mano, los ganglios inguinales drenan la pierna y en la ingle y los ganglios supraclaviculares drenan el tórax y el abdomen (Friedmann, 2008).

Un sistema simple y clínicamente útil para clasificar linfadenopatía es “generalizado” o “localizado” (Kliegman et al., 2011). Linfadenopatía generalizada se refiere a los ganglios linfáticos agrandados en dos o más regiones no contiguas, sugestivos de un proceso de enfermedad sistémica. Por el contrario linfadenopatía, localizada se refiere a los ganglios linfáticos agrandados localizadas en una zona, o área contigua, del cuerpo y es más sugerente de un proceso de enfermedad localizada. Diferenciar entre linfadenopatía localizada y generalizada es de importancia clave en la formulación de un diagnóstico diferencial de adenopatías y la planificación de la evaluación de diagnóstico (Oguz, Karadeniz, Temel, Citak, y Okur, 2006).

Historia y examen físico también son de importancia fundamental en la evaluación de una etiología de diagnóstico. Por ejemplo, faringitis, infecciones de las vías respiratorias superiores, otitis media, enfermedad de la tiña, del arañazo del gato y picaduras de garrapatas pueden causar linfadenopatía localizadas que se puede diagnosticar con bastante facilidad con una historia y un examen inicial, sin necesidad de efectuar ensayos adicionales antes de comenzar el tratamiento. Sin embargo, mononucleosis, sífilis, virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) y linfoma puede causar linfadenopatía generalizada inexplicable, que normalmente requiere pruebas de sangre adicionales, las imágenes radiológicas o incluso una biopsia de uno de los nodos linfáticos agrandados.

Agrandamiento de ganglios linfáticos pueden ocurrir a través de una variedad de mecanismos: la estimulación antigénica (por ejemplo, enfermedad de Kawasaki), la transformación maligna (por ejemplo, linfoma), la respuesta de reactivo (por ejemplo, medicamentos), la deposición de material extraño (por ejemplo, enfermedades de almacenamiento de lípidos), congestión vascular, o supuración (por ejemplo, Mycobacterium tuberculosis; Fleisher y Ludwig, 2010; Friedmann, 2008). El flujo linfático a partir de las estructuras adyacentes o nodos puede llevar microorganismos a los ganglios linfáticos afectados y también puede causar linfadenitis. La linfadenitis puede diferenciarse de la linfadenopatía por la presencia de eritema, induración, sensibilidad y calidez.

Ciertas infecciones tienen una propensión a causar la ampliación de cadenas de ganglios linfáticos. Esta información puede ser útil para diferenciar el tipo de linfadenopatía y puede ayudar a definir mejor la enfermedad particular. Por ejemplo, la rubéola, el sarampión y el virus del herpes 6 a menudo causan adenopatía occipital postauricular y mientras que el VEB y CMV con frecuencia causan linfadenopatía cervical bilateral, axilar y inguinal (Fleisher y Ludwig, 2010). Linfadenopatía generalizada es una presentación para el VIH, la tuberculosis, la brucelosis, tularemia y las infecciones de leptospirosis.

Otras causas de linfadenopatía generalizada, con excepción de la infección, incluyen malignidad (enfermedad de Hodgkin, linfoma no Hodgkin, el neuroblastoma, leucemia linfocítica aguda, leucemia mieloide aguda, y el rabdomiosarcoma), enfermedades de inmunodeficiencia variable común (inmunodeficiencia, síndrome de Wiskott-Aldrich, enfermedad granulomatosa crónica , ataxia-telangiectasia, síndrome, y la enfermedad de Chediak-Hegashi), los trastornos de almacenamiento de lípidos (Gaucher, enfermedad de Niemann-Pick, Faber, y la enfermedad de Wolman), y enfermedades vasculares del colágeno (artritis reumatoide juvenil y el lupus eritematoso sistémico). Otras causas misceláneas incluyen la enfermedad de Kawasaki, síndrome de Gianotti-Crosti, sarcoidosis, el hipertiroidismo y la enfermedad de Castleman. Linfadenopatía generalizada también puede ser inducida por la medicación, ya que puede presentar 1 ó 2 semanas después de tomar medicamentos como la aspirina, penicilina, sulfonamidas, tetraciclinas, isoniazida, o fenitoína o después de la inyección de materiales extraños tales como antitoxinas (Fleisher y Ludwig, 2010; Friedmann , 2008).

Hay múltiples factores que deben ser aclaradas cuando se genera un diagnóstico diferencial de adenopatías. Estos factores incluyen la edad del paciente, el tamaño de los ganglios linfáticos, la ubicación nodal, la calidad nodal / consistencia, presentación localizada o generalizada, y cronicidad o agudeza de presentación y síntomas asociados (Friedmann, 2008). Durante la historia y el examen inicial, el médico debe evaluar al paciente en busca de signos de localización o síntomas que sugieren una infección o un tumor en un sitio en particular. Estos síntomas pueden incluir la presencia de un dolor de garganta que precede a linfadenopatía cervical anterior. En segundo lugar, el médico debe evaluar al paciente para detectar la presencia de cualquier síntoma preocupante constitucional, como fiebre, sudores nocturnos y pérdida de peso, lo que sugiere una infección no reconocida o malignidad (Friedmann, 2008). En tercer lugar, el médico debe determinar si existen indicios epidemiológicos tales como las exposiciones ocupacionales, un viaje reciente o comportamientos de alto riesgo existe que sugiera un proceso de enfermedad en particular (Fleisher y Ludwig, 2010). Pistas pueden incluir viajes recientes endémicas (que puede sugerir la tuberculosis), las picaduras de garrapatas (que podría ocasionar la enfermedad de Lyme), la exposición al gato (que conduce a la infección con la bacteria Bartonella), o el consumo de carne cruda (que podría ocasionar la toxoplasmosis). Por último, una historia completa de medicamento se debe obtener para ver si algún medicamento podría explicar linfadenopatía del paciente. Los medicamentos que se han asociado a la linfadenopatía se incluyen la aspirina, penicilina, sulfonamidas, tetraciclina, fenitoína isoniazida, derivados de hidantoína, carbamazepina y medicamentos antitiroideos y lucha contra la lepra (Fleisher y Ludwig, 2010; Friedmann, 2008).

Durante el examen, es importante caracterizar claramente los ganglios agrandados por la localización, tamaño, consistencia (es decir, firme, suave y sólida, elástica, o fluctuante), fijación (Fleisher y Ludwig, 2010). Firme, los nodos de goma sugieren malignidad, mientras fluctuante, los nodos sugieren inflamación. Si el examen indica una linfadenopatía localizada, las regiones drenadas por los nodos deben ser examinados minuciosamente para detectar la infección, lesiones cutáneas o tumores. Por ejemplo, si adenopatías axilares se aprecian, el brazo debe ser examinado por cualquier mordedura, lesiones o infecciones en la piel. Por otro lado, en el paciente con linfadenopatía generalizada, el clínico debe centrarse en la búsqueda de signos de enfermedad sistémica, como hepatoesplenomegalia, hallazgos oculares, erupciones cutáneas, lesiones mucosas o artritis.

Pruebas de diagnóstico para la evaluación de linfadenopatía

Las pruebas de diagnóstico pueden ser útiles en la evaluación de linfadenopatía para confirmar un diagnóstico basado en la historia y el examen (por ejemplo, estreptococos del grupo A, EBV o serologías Bartonella o tuberculosis), o si el diagnóstico es incierto después de la evaluación inicial. Las pruebas adicionales pueden incluir análisis de sangre, de culturas, de imagen y biopsia de un ganglio linfático. La selección de las pruebas de diagnóstico y la secuencia de evaluación varía dependiendo de si la linfadenopatía es generalizada o localizada y los síntomas asociados y si están presentes o ausentes. Las pruebas rutinarias de sangre para un enfoque de la linfadenopatía generalizada deben incluir un hemograma completo, VSG, PCR y serologías víricas y bacterianas (Fleisher y Ludwig, 2010; Friedmann, 2008). Serologías a considerar incluyen EBV (anti-antígeno de la cápside viral, inmunoglobulina G, inmunoglobulina M, y los antígenos del VEB nucleares), HIV, CMV, Bartonella henselae, la toxoplasmosis, la sífilis, la tularemia y la rubéola (Fleisher y Ludwig, 2010; Friedmann, 2008 ). La evaluación adicional de este estudio diagnóstico inicial puede sugerir una etiología o ayudar a definir mejor el paso siguiente en la evaluación y / o tratamiento.

Exámenes de sangre adicionales a considerar, sobre la base de la historia y el examen, incluya la prueba de anticuerpos anti-nuclear, Bartonella henselae títulos, prueba de VIH y VDRL. Los cultivos de la garganta, la sangre, la piel y / o posiblemente el ganglio linfático puede ser útil en circunstancias seleccionadas. Los ejemplos incluyen la obtención de un cultivo de garganta para estreptococo del grupo A o de una cultura de ganglios linfáticos por sospecha de infección por micobacterias no tuberculosas. Una prueba de la tuberculina o derivado de proteína purificada se debe considerar en un paciente con un ganglio linfático agrandado o persistentemente en caso de viajes a zonas endémica. Finalmente, los estudios radiológicos pueden ser también útiles en la caracterización no sólo la afectación ganglionar, pero también la participación de otras estructuras. Estos estudios pueden incluir una radiografía de tórax para buscar masas mediastínicas o adenopatía hiliar, la ecografía para definir la estructura de los ganglios linfáticos y la tomografía axial computarizada para delinear mejor las masas y su impacto en las estructuras anatómicas vecinas (Fleisher y Ludwig, 2010; Friedmann, 2008).

Una biopsia del ganglio linfático se debe considerar si el ganglio agrandado son persistentes y / o se acompaña de signos de enfermedad sistémica. Una biopsia del ganglio linfático está indicada en pacientes con síntomas sistémicos (por ejemplo fiebre, sudores nocturnos, pérdida de peso y hepatoesplenomegalia), una localización supraclavicular, sitios múltiples de los ganglios, nodos caracterizados como fijos, Linfadenopatía refiere a los ganglios linfáticos que son anormales en tamaño, consistencia, o el número. Ganglios linfáticos normales generalmente son de menos de 1 cm de tamaño y se puede palpar en los niños sanos (Kliegman, Stanton, St. Geme, y Behrman, 2011; Nield y Kamat, 2004). Están presentes desde el nacimiento, el pico de tamaño entre las edades de 8 a 12 años, y luego regresar lentamente durante la adolescencia. Los ganglios linfáticos de más de 1 cm a cualquier edad (con la excepción de 1,5 cm en la zona inguinal y 0,5 cm en la zona epitrocleares) se consideran ser ampliada (Kliegman et al, 2011;. Morland, 1995). Los ganglios linfáticos supraclaviculares palpables, poplítea, ilíaca y también se consideran anormales (Friedmann, 2008). Los ganglios linfáticos se componen principalmente de los folículos, centros germinales, y los linfocitos de células B y células T. Los ganglios linfáticos drenan áreas contiguas, y una comprensión general de esta anatomía es útil cuando se examina a un niño con adenopatías. Los ganglios cervicales drenar el área de cabeza y cuello, ganglios axilares drenar el brazo, el tórax y el pecho, los ganglios epitrocleares drenar el antebrazo y la mano, los ganglios inguinales drenar la pierna y en la ingle, y los ganglios supraclaviculares drenar el tórax y el abdomen (Friedmann, 2008).

Un sistema simple y clínicamente útil para clasificar linfadenopatía es “generalizado” o linfadenopatía “localizado” (Kliegman et al., 2011). Linfadenopatía generalizada se refiere a los ganglios linfáticos agrandados en dos o más regiones no contiguas, sugestivos de un proceso de enfermedad sistémica. Por el contrario linfadenopatía, localizada se refiere a los ganglios linfáticos agrandados localizadas en una zona, o área contigua, del cuerpo y es más probable sugerente de un proceso de enfermedad localizada. Diferenciar entre linfadenopatía localizada y generalizada es de importancia clave en la formulación de un diagnóstico diferencial de adenopatías y la planificación de la evaluación de diagnóstico (Oguz, Karadeniz, Temel, Citak, y Okur, 2006). Historia y examen físico también son de importancia fundamental en la evaluación de una etiología de diagnóstico. Por ejemplo, faringitis, infecciones de las vías respiratorias superiores, otitis media, enfermedad de la tiña, del arañazo del gato y picaduras de garrapatas pueden causar linfadenopatía todas localizado que se puede diagnosticar con bastante facilidad con una historia y un examen inicial, sin necesidad de efectuar ensayos adicionales antes de comenzar el tratamiento. Sin embargo, mononucleosis, sífilis, virus de la inmunodeficiencia humana (VIH), y linfoma de todo puede causar linfadenopatía generalizada inexplicable, que normalmente requiere pruebas de sangre adicionales, las imágenes radiológicas, o incluso una biopsia de uno de los nodos linfáticos agrandados.

Agrandamiento de ganglios linfáticos puede ocurrir a través de una variedad de mecanismos: la estimulación antigénica (por ejemplo, enfermedad de Kawasaki), la transformación maligna (por ejemplo, linfoma), la respuesta de reactivo (por ejemplo, medicamentos), la deposición de material extraño (por ejemplo, enfermedades de almacenamiento de lípidos), congestión vascular, o supuración (por ejemplo, Mycobacterium tuberculosis; Fleisher y Ludwig, 2010; Friedmann, 2008). El flujo linfático a partir de las estructuras adyacentes o nodos puede llevar microorganismos a los ganglios linfáticos afectados y también puede causar linfadenitis. La linfadenitis puede diferenciarse de la linfadenopatía por la presencia de eritema, induración, sensibilidad y calidez.

Ciertas infecciones tienen una propensión a causar la ampliación de particular cadenas de ganglios linfáticos. Esta información puede ser útil para diferenciar el tipo de linfadenopatía y puede ayudar a definir mejor la enfermedad particular. Por ejemplo, la rubéola, el sarampión y el virus del herpes 6 a menudo causan postauricular y adenopatía occipital, mientras que el VEB y CMV con frecuencia causan bilateral cervical, axilar y linfadenopatía inguinal (Fleisher y Ludwig, 2010). Linfadenopatía generalizada es una presentación para el VIH, la tuberculosis, la brucelosis, tularemia y las infecciones de leptospirosis.

Otras causas de linfadenopatía generalizada, con excepción de la infección, incluyen malignidad (enfermedad de Hodgkin, linfoma no Hodgkin, el neuroblastoma, leucemia linfocítica aguda, leucemia mieloide aguda, y el rabdomiosarcoma), enfermedades de inmunodeficiencia variable común (inmunodeficiencia, síndrome de Wiskott-Aldrich, enfermedad granulomatosa crónica , ataxia-telangiectasia, síndrome, y la enfermedad de Chediak-Hegashi), los trastornos de almacenamiento de lípidos (Gaucher, enfermedad de Niemann-Pick, Faber, y la enfermedad de Wolman), y enfermedades vasculares del colágeno (artritis reumatoide juvenil y el lupus eritematoso sistémico). Otras causas misceláneas incluyen la enfermedad de Kawasaki, síndrome de Gianotti-Crosti, sarcoidosis, el hipertiroidismo y la enfermedad de Castleman. Linfadenopatía generalizada también puede ser inducida por la medicación, ya que puede presentar 1 ó 2 semanas después de tomar medicamentos como la aspirina, penicilina, sulfonamidas, tetraciclinas, isoniazida, o fenitoína o después de la inyección de materiales extraños tales como antitoxinas (Fleisher y Ludwig, 2010; Friedmann , 2008).

Hay múltiples factores que deben ser aclaradas cuando se genera un diagnóstico diferencial de adenopatías. Estos factores incluyen la edad del paciente, el tamaño de los ganglios linfáticos, la ubicación nodal, la calidad nodal / consistencia, presentación localizada o generalizada, y cronicidad o agudeza de presentación y síntomas asociados (Friedmann, 2008). Durante la historia y el examen inicial, el médico debe evaluar al paciente en busca de signos de localización o síntomas que sugieren una infección o un tumor en un sitio en particular. Estos síntomas pueden incluir la presencia de un dolor de garganta que precede a linfadenopatía cervical anterior. En segundo lugar, el médico debe evaluar al paciente para detectar la presencia de cualquier síntoma preocupante constitucionales, como fiebre, sudores nocturnos y pérdida de peso, lo que sugiere una infección no reconocida o malignidad (Friedmann, 2008). En tercer lugar, el médico debe determinar si existen indicios epidemiológicos tales como las exposiciones ocupacionales, un viaje reciente o comportamientos de alto riesgo existe que sugiera un proceso de enfermedad en particular (Fleisher y Ludwig, 2010). Pistas pueden incluir viajes recientes endémicas (que puede sugerir la tuberculosis), las picaduras de garrapatas (que podría ocasionar la enfermedad de Lyme), la exposición al gato (que conduce a la infección con la bacteria Bartonella), o el consumo de carne cruda (que podría ocasionar la toxoplasmosis). Por último, una historia completa de medicamento se debe obtener para ver si algún medicamento podría explicar linfadenopatía del paciente. Los medicamentos que se han asociado a la linfadenopatía se incluyen la aspirina, penicilina, sulfonamidas, tetraciclina, fenitoína isoniazida, derivados de hidantoína, carbamazepina y medicamentos antitiroideos y lucha contra la lepra (Fleisher y Ludwig, 2010; Friedmann, 2008).

Durante el examen, es importante caracterizar claramente los ganglios agrandados por la localización, tamaño, consistencia (es decir, firme, suave y sólida, elástica, o fluctuante), fijación y ternura (Fleisher y Ludwig, 2010). Firme, los nodos gomosos, y fija sugerir malignidad, mientras fluctuante, los nodos de licitación sugieren inflamación. Si el examen indica una linfadenopatía localizada, las regiones drenadas por los nodos deben ser examinados minuciosamente para detectar la infección, lesiones cutáneas o tumores. Por ejemplo, si adenopatías axilares se aprecia, el brazo debe ser examinado por cualquier mordedura, lesiones o infecciones en la piel. Por otro lado, en el paciente con linfadenopatía generalizada, el clínico debe centrarse en la búsqueda de signos de enfermedad sistémica, como hepatoesplenomegalia, hallazgos oculares, erupciones cutáneas, lesiones mucosas o artritis.

Pruebas de diagnóstico para la evaluación de linfadenopatía

Las pruebas de diagnóstico puede ser útil en la evaluación de linfadenopatía para confirmar un diagnóstico basado en la historia y el examen (por ejemplo, estreptococos del grupo A, EBV o serologías Bartonella o tuberculosis), o si el diagnóstico es incierto después de la evaluación inicial. Las pruebas adicionales pueden incluir análisis de sangre, de culturas, de imagen y biopsia de un ganglio linfático. La selección de las pruebas de diagnóstico y la secuencia de evaluación varía dependiendo de si la linfadenopatía es generalizada o localizada y los síntomas asociados y si están presentes o ausentes. Las pruebas rutinarias de sangre para un enfoque de la linfadenopatía generalizada deben incluir un hemograma completo, VSG, PCR y serologías víricas y bacterianas (Fleisher y Ludwig, 2010; Friedmann, 2008). Serologías a considerar incluyen EBV (anti-antígeno de la cápside viral, inmunoglobulina G, inmunoglobulina M, y los antígenos del VEB nucleares), HIV, CMV, Bartonella henselae, la toxoplasmosis, la sífilis, la tularemia y la rubéola (Fleisher y Ludwig, 2010; Friedmann, 2008 ). La evaluación adicional de este estudio diagnóstico inicial puede sugerir una etiología o ayudar a definir mejor el paso siguiente en la evaluación y / o tratamiento.

Exámenes de sangre adicionales a considerar, sobre la base de la historia y el examen, incluya la prueba de anticuerpos anti-nuclear, Bartonella henselae títulos, prueba de VIH y VDRL. Los cultivos de la garganta, la sangre, la piel y / o posiblemente el ganglio linfático puede ser útil en circunstancias seleccionadas. Los ejemplos incluyen la obtención de un cultivo de garganta para estreptococo del grupo A o de una cultura de ganglios linfáticos por sospecha de infección por micobacterias no tuberculosas. Una prueba de la tuberculina o derivado de proteína purificada se debe considerar en un paciente con un ganglio linfático agrandado o persistentemente viajes endémica. Finalmente, los estudios radiológicos pueden ser también útiles en la caracterización no sólo la afectación ganglionar, pero también la participación de otras estructuras. Estos estudios pueden incluir una radiografía de tórax para buscar masas mediastínicas o adenopatía hiliar, la ecografía para definir la estructura de los ganglios linfáticos y la tomografía axial computarizada para delinear mejor las masas y su impacto en las estructuras anatómicas vecinas (Fleisher y Ludwig, 2010; Friedmann, 2008).

Una biopsia del ganglio linfático se debe considerar si el ganglio agrandado (s) son persistentes y / o se acompaña de signos de enfermedad sistémica. Una biopsia del ganglio linfático está indicado en pacientes con síntomas sistémicos (por ejemplo, fiebre, sudores nocturnos, pérdida de peso y hepatoesplenomegalia), una localización supraclavicular, sitios múltiples de los ganglios, nodos caracterizados como fijos, bicho, y no dolorosa, un CBC anormal o radiografía de tórax, los ganglios linfáticos más grandes de 1 cm en el período neonatal o los ganglios linfáticos de más de 2 cm que están aumentando en tamaño y / o no responden al tratamiento antibiótico (Fleisher y Ludwig, 2010; Friedmann, 2008; Oguz et al. , 2006). Biopsias de ganglios linfáticos se pueden realizar a través de un procedimiento abierto o por aspiración con aguja fina (van de Schoot, Aronson, Behrendt, & Bras, 2001).

El tratamiento de la linfadenopatía

El tratamiento debe adaptarse a cada paciente después de una historia completa, examen y estudio diagnóstico se han realizado. En los pacientes pediátricos, la observación cercana puede ser la opción de gestión, salvo la historia, el examen físico y estudios de laboratorio sugieren una neoplasia subyacente, linfadenitis, o otra causa tratable. Una vez que el médico determina que un paciente no tiene síntomas o hallazgos preocupantes, una primera aproximación puede ser una espera vigilante. Muchos casos de linfadenopatías en pacientes pediátricos se resuelven sin intervención de serie durante la observación estrecha. En casos prolongados, la escisión con una biopsia debe ser considerada.

Leucemia y Linfadenopatía

Linfadenopatía tiende a ser una característica prominente examen físico en la presentación de la leucemia aguda. La leucemia es el cáncer infantil más común, sino que se produce en el 31% de los pacientes pediátricos con cáncer que son menores de 15 años (Kliegman et al, 2011.). Debido a que las cuentas de leucemia linfoblástica aguda de aproximadamente el 77% de estos casos, es imperativo que los médicos reconocen las características comunes de presentación de esta enfermedad, diagnóstico precoz y el inicio temprano del tratamiento se asocian con mejores resultados de los pacientes (Kliegman et al., 2011). Los pacientes con leucemia que se presentan con linfadenopatía como una característica clave tienden a tener un patrón característico de linfadenopatía. En las personas con leucemia, la linfadenopatía tiende a tener una “generalizada” de presentación, es insensible, es voluminoso en la naturaleza, y tiene una historia de rápido crecimiento reciente (Fleisher y Ludwig, 2010; Young, Toretsky, Campbell, y Eskenazi, 2000).

En el examen físico, los pacientes pueden presentar signos que indican la participación de leucemia la médula ósea, incluyendo la palidez (anemia), hematomas y petequias (trombocitopenia;. Kliegman et al, 2011). En estos casos, como en nuestro caso, un hemograma completo con frotis de sangre periférica y el recuento de reticulocitos puede ser la prueba diagnóstica más útil. Los médicos deben evaluar glóbulos blancos anormales (baja o alta), anemia, trombocitopenia, e incluso elementos inmaduros en un frotis de sangre periférica. Aunque la identificación de células blásticas en un frotis de sangre periférica es indicativa de la leucemia, es importante darse cuenta de que los pacientes también pueden presentar sólo blastos en la médula ósea (Young et al., 2000). Por esta razón, el hallazgo de anemia, reticulocitopenia, trombocitopenia, leucopenia o leucocitosis, debe motivar la consulta con un oncólogo pediatra, porque la probabilidad de leucemia es alta. Contrariamente a la leucemia, que presenta con linfadenopatía generalizada, los linfomas pueden presentar con linfadenopatía localizada o generalizada (Young et al., 2000).

El tratamiento de la linfadenopatía

El tratamiento debe adaptarse a cada paciente después de una historia completa, examen y estudio diagnóstico se han realizado. En los pacientes pediátricos, la observación cercana puede ser la opción de gestión, salvo la historia, el examen físico y estudios de laboratorio sugieren una neoplasia subyacente, linfadenitis, o otra causa tratable. Una vez que el médico determina que un paciente no tiene síntomas o hallazgos preocupantes, una primera aproximación puede ser una espera vigilante. Muchos casos de linfadenopatías en pacientes pediátricos se resuelven sin intervención de serie durante la observación estrecha. En casos prolongados, la escisión con una biopsia debe ser considerada.

Leucemia y Linfadenopatía

La linfadenopatía tiende a ser una característica prominente en el examen físico en la presentación de la leucemia aguda. La leucemia es el cáncer infantil más común, supone en el 31% de los pacientes pediátricos con cáncer menores de 15 años (Kliegman et al, 2011). Los pacientes con leucemia que se presentan con linfadenopatía como una característica clave tienden a tener un patrón característico de linfadenopatía. En las personas con leucemia, la linfadenopatía tiende a ser “generalizada” de presentación, voluminosa en la naturaleza y tiene una historia de rápido crecimiento reciente (Fleisher y Ludwig, 2010; Young, Toretsky, Campbell, y Eskenazi, 2000).

En el examen físico, los pacientes pueden presentar signos que indican la participación de leucemia la médula ósea, incluyendo la palidez (anemia), hematomas y petequias (trombocitopenia;. Kliegman et al, 2011). Los médicos deben evaluar los glóbulos blancos (baja o alta), anemia, trombocitopenia, e incluso elementos inmaduros en un frotis de sangre periférica. Aunque la identificación de células blásticas en un frotis de sangre periférica es indicativa de la leucemia, es importante darse cuenta de que los pacientes también pueden presentar sólo blastos en la médula ósea (Young et al., 2000). Por esta razón, el hallazgo de anemia, reticulocitopenia, trombocitopenia, leucopenia o leucocitosis, debe motivar la consulta con un oncólogo pediatra, porque la probabilidad de leucemia es alta. Contrariamente a la leucemia, que presenta con linfadenopatía generalizada, los linfomas pueden presentar con linfadenopatía localizada o generalizada (Young et al., 2000).

 

 

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