Científicos del Instituto de Investigación Infantil Murdoch, de Melbourne (Australia), han avanzado en el origen de las alergias alimentarias y sugieren que pueden no adquirirse del nacimiento o en una fase más avanzada de la vida, sino que podrían estar condicionadas por factores ambientales específicos durante el embarazo.

Así se desprende de los resultados de un estudio que van a presentar en el Congreso Mundial de Alergias y Asma EAACI-WAO 2013, celebrado en Milán (Italia).

En los últimos años está creciendo el número de personas que sufren alergias y actualmente se estima que ya hay unos 250 millones de personas en todo el mundo que padecen alergia a algún alimento. Esta situación es más frecuente en países en vías de desarrollo y el aumento más pronunciado se ha observado en niños.

Según explican ahora estos expertos, cada vez hay más pruebas científicas de que las alergias pueden desarrollarse en la fase fetal, ya que es posible que los bebés nazcan con una tendencia a desarrollar alergias alimentarias debido a las condiciones de vida de su madre, incluida la nutrición durante el embarazo. Esto ha sido demostrado en alergias alimentarias en niños, durante sus 12 primeros meses de vida.

En concreto, han visto que un proceso bioquímico llamado metilación del ADN desempeña un papel fundamental para un desarrollo inmunológico prenatal normal.

La metilación del ADN es sensible a las alteraciones ambientales. El estudio australiano muestra que las alteraciones o las influencias ambientales externas durante el embarazo aumentan el riesgo de alergias alimentarias. Basándose en estas pruebas, el estudio concluye que las alergias alimentarias están programadas antes del nacimiento.

En este congreso se presentarán resultados sobre la alergia al marisco, una de las más comunes entre las alergias alimentarias y una causa principal de reacciones alérgicas a la comida que pueden resultar mortales.

La investigación de Heidi R. Myrset y su equipo del Instituto Veterinario Noruego de Oslo demuestran qué partes de los alérgenos desencadenan la reacción alérgica al marisco, lo que podría ser un avance importante para encontrar una vacuna contra la alergia al marisco.

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