Esta estructura anatómica se divide en diferentes partes, de arriba a abajo, estos son el mesencéfalo, puente de Varolio y la médula. Aunque es pequeño, en relación con el tamaño del cerebro, el tronco cerebral proporciona  proyecciones sensoriales y motoras al resto del cerebro y médula. Por otra parte cuenta con los núcleos de la mayoría de los nervios craneales. En cuanto a la función, el tronco cerebral sirve para modular aspectos vegetativos del cuerpo como la respiración, el sueño y el ritmo cardíaco.

Muchos de los síntomas principales del autismo implican la capacidad de la persona de procesar los pensamientos (los denominados funciones cognitivas superiores) y probablemente se deben a deficiencias de la corteza cerebral. Sin embargo, otros síntomas como la expresión facial disminuida, hipersensibilidad al sonido y el tacto, y trastornos del sueño pueden tener un origen en el tronco cerebral. En efecto, un defecto congénito poco común causado por el subdesarrollo o ausencia de los nervios craneales, síndrome de Moebius, por lo general asociada el autismo en un 30 a 40% de los casos.

La fallecido Patricia Rodier,  profesora en los Departamentos de Obstetricia y Ginecología de la Universidad de Rochester, examinó las secciones del tronco cerebral de  individuos autistas y reportó una distancia más corta entre algunos puntos anatómicos (es decir, el cuerpo trapezoide y la oliva inferior). Tanto el núcleo olivar superior y el núcleo facial estuvieron ausentes.

Aunque el trabajo de Rodier no ha sido reproducido por otros (Thevarkunnel et al., 2004),  sirvió para ampliar nuestra perspectiva de pensamiento en relación con el autismo. Más importante aún, su trabajo sirvió para destacar la posibilidad de que el autismo comienza antes del nacimiento del niño. De acuerdo con sus conclusiones autismo comienza alrededor de la cuarta semana de desarrollo fetal. Dio como pruebas en su apoyo el hecho de que algunos “bebés talidomida”, que desarrollan un fenotipo autista, tienen una malformación del oído externo y una forma poco común de estrabismo (síndrome de Duane), pero no malformaciones de las extremidades. El calendario de estas malformaciones era temprano durante los primeros 20-24 días de gestación.

Su propio trabajo y los datos recogidos de los bebés ácido valproico y talidomida sugirieron un insulto temprano durante el desarrollo del cerebro. Esto no es coherente con la idea de la toxicidad del mercurio en las vacunas. La Dra. Rodier también amplió su trabajo para informar de una variante de un gen (HOXA1) como  susceptible de autismo. Los defectos en el gen HOXA1 en los seres humanos dan lugar a dificultades en el movimiento ocular, movimientos ventilatorios pobres, sordera, dificultades para deglutir, parálisis de los músculos de la cara, retraso mental y retraso en el desarrollo.

Otros investigadores examinaron la estructura del núcleo olivar medial superior en 5 individuos autistas y 2 enf. neurológicos (Kulesza y Mangunay, 2008). Cada uno de los 5 individuos autistas mostraron diferencias significativas en la morfología del núcleo olivar superior (área de la célula del cuerpo, la forma del cuerpo celular y la orientación).

Otro de los elementos anatómicos del tronco cerebral que se ha prestado mucha atención es el locus coeruleus. Este grupo de células controlan, entre muchas otras cosas, la temperatura del cuerpo. Hace unos años, basado principalmente en la especulación, una teoría surgió que las anormalidades en la regulación de termostato del cuerpo por el locus coeruleus llevarían a cualquiera de las mejoras o exacerbaciones de comportamientos autistas. Las proyecciones del locus coeruleus inervan una gran parte del sistema nervioso central.

Dos de los casos reportados por Bailey et al. (1998) tenían células anormalmente dispersas en sus locus coeruleus.

Los estudios sobre el tronco cerebral en el autismo han sido pocos y distantes entre sí. La presencia de anormalidades autonómicas en el autismo podría fácilmente tener su origen en el tronco cerebral de los individuos afectados. Los datos procedentes de modelos animales, genética y neuroimagen (por ejemplo, Hashimoto et al. 1995) sugiere anomalías del tallo cerebral en el autismo.

Anuncios