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El zinc es un elemento traza esencial que funciona como un cofactor para ciertas enzimas implicadas en el metabolismo y el crecimiento celular.

El zinc apoya la función inmune, el metabolismo de proteínas, el desarrollo del tracto gastrointestinal y procesos genéticos. El déficit de zinc de forma aguda se caracteriza por dermatitis alrededor de las extremidades y los orificios corporales, diarrea y función inmune alterada. En cambio el trastorno crónico puede conducir a insuficiencia hepática o renal.

Un raro trastorno genético, acrodermatitis enteropática, comparte las mismas manifestaciones clínicas agudas pese a ser una enfermedad crónica por malabsorción de zinc.

Los bebés prematuros requieren 400 μ g / kg / peso corporal / día de zinc para mantener los niveles séricos y promover el crecimiento, mientras que 200 μ g de peso / kg / cuerpo / día de zinc es suficiente para que los bebés a término.  Podría ser necesario durante períodos prolongados para recién nacidos de muy bajo peso al nacer (<1.500 g) y lactantes con disfunción gastrointestinal crónica.

Las deficiencias de zinc en los lactantes son difíciles de identificar por múltiples razones, incluyendo signos y síntomas no específicos. Los signos más comunes del trastorno de deficiencia de zinc incluyen dermatitis y alteraciones del crecimiento, lo cual puede atribuirse a múltiples causas.

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