Agitación, comportamiento agresivo u hostilidad, ansiedad, depresión, desorientación, alteración de la atención, alteraciones del sueño, alucinaciones, insomnio, irritabilidad, pérdida de memoria, inquietud, sonambulismo, pensamientos y conductas suicidas (incluido el suicidio)  y el temblor.

Muy infrecuentes, pero reales.

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