Secuelas del COVID

Secuelas pulmonares

Una función pulmonar leve-moderadamente deteriorada es la complicación más frecuente. Pero las embolias pulmonares desencadenadas, tienen una carga adicional al compromiso respiratorio, provocando hasta un 52% de deterioro persistente en su capacidad de difusión pulmonar.

Un estudio retrospectivo de un solo centro de 143 pacientes en Italia encontró que el 87,4% de los pacientes continuaba teniendo al menos un síntoma, como disnea o fatiga, dos meses después de recuperarse de la infección aguda.

Secuelas cardiovasculares

Las complicaciones cardiovasculares agudas, como el síndrome coronario agudo, la miocarditis, las arritmias y la insuficiencia cardíaca, se han descrito ampliamente. En un metanálisis la prevalencia de lesión miocárdica fue del 5% al ​​38%. Sin embargo, en una cohorte observacional de 100 pacientes recuperados, el 78% tenía hallazgos anormales en la RM cardiovascular.

Los pacientes con disfunción ventricular, miocarditis o pericarditis pueden necesitar al menos 3-6 meses de abstención del ejercicio intenso.

Secuelas neuropsiquiátricas

El SARS se ha asociado con morbilidad neuropsiquiátrica a largo plazo. En un estudio de cohorte reciente al 33,5% de los pacientes se les diagnosticó un trastorno psiquiátrico 30 meses después de la infección.

En otra publicación del Lancet Psychiatry, 39% de los pacientes tenían trastorno de estrés postraumático, 30% ansiedad y 33% depresión. 19% de los pacientes tenían problemas de memoria. También se ha informado de manía y catatonia.

Hongos en casa. Problemas respiratorios y neurológicos

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades advierten que si huele o ve moho, debe eliminarlo lo antes posible, ya que puede representar un riesgo para la salud. El olor a humedad suele ser la primera pista de que tiene un problema de moho.

La cuestión es que la mayoría de la gente ni siquiera se da cuenta de que hay un problema.

Las personas expuestas a edificios llenos de moho son más propensas padecer síntomas respiratorios leves (como estornudos, secreción nasal y picazón en los ojos), asma, neumonitis por hipersensibilidad (una enfermedad pulmonar inflamatoria), infecciones respiratorias, fiebre del heno, bronquitis y eccema.

Recientemente se han asociado problemas neurológicos incluso empeoramiento de demencias como el Alzheimer. Un estudio de 2003 encontró que 70 de 100 pacientes expuestos al moho en sus hogares presentaban síntomas neurológicos que incluían ataxia, mareos y quejas neurocognitivas. Otro estudio de 2003, que examinó a 182 pacientes expuestos al moho, encontró hipoactivación de la corteza frontal, como se demostró en el electroencefalograma cuantitativo.

En primer lugar, el cerebro está compuesto principalmente de tejido graso y muchas micotoxinas son pequeñas y lipofílicas por naturaleza, por lo que pueden atravesar membranas celulares ricas en lípidos con facilidad. Se han encontrado muchas micotoxinas lipofílicas, como enniatina B, beauvercina y aflatoxina, en altas concentraciones en tejidos y órganos con alto contenido de grasa, como el hígado y el tejido adiposo.

La ocratoxina A dañan el citoesqueleto de los astrocitos, junto con una regulación positiva de los genes responsables de una respuesta neuroinflamatoria. Mientras tanto, se ha demostrado que la toxina T-2, un  tricoteceno generado por Fusarium, es citotóxica para los astrocitos, lo que resulta en anomalías de la permeabilidad y el transporte de la barrera hematoencefálica.

El moho se encuentra con mayor frecuencia en los sótanos y los espacios bajos, donde  la humedad son más altas.

Para combatir el moho, los expertos recomiendan mantener la humedad en su hogar a niveles por debajo del 60 por ciento usando deshumidificadores y haciendo funcionar su aire acondicionado. (El CDC recomienda niveles entre 30% y 50%).

Es mejor usar unidades de aire acondicionado con accesorios de filtro de partículas de aire de alta eficiencia (HEPA), ya que atraparán las esporas de moho y evitarán la acumulación de moho; asegúrese de reemplazar los filtros dos veces al año

Se recomienda limpiar superficies expuestas con una solución de lejía, agua y jabón o un producto comercial. Debe limpiarlos de inmediato si ve moho, pero estas superficies (con mayor frecuencia en baños y cocinas) deben limpiarse semanalmente para evitar el crecimiento de moho. Repare rápidamente los techos, ventanas y tuberías con goteras.

Si descubre moho en su hogar, tenga en cuenta que, a menos que aborde el problema subyacente, es probable que el moho regrese.

Soy alérgico a la LTP, ¿qué es eso?

La LTP son las proteínas transportadoras de lípidos de los vegetales.

Las proteínas transportadoras de lípidos son capaces de transportar fosfolípidos a través de las membranas de las células vegetales, actuando como sistema de defensa. Se encuentran en las plantas superiores, presentándose a concentraciones elevadas en la piel de los frutos.

Constituyen uno de los alergenos más importantes de las frutas rosáceas que incluyen el melocotón, manzana, pera, albaricoque, cereza y ciruela. Por otra parte podemos encontrarlos en frutos secos y muchas verduras.

Al ser una proteína muy estable y resistente a la proteolisis, son capaces de llegar al torrente circulatorio a través del sistema digestivo y provocar reacciones alérgicas graves, incluso anafilácticas.

La siguiente tabla resume los principales alimentos que pueden contener LPT:

  • Frutos de plantas pertenecientes a la familia de las rosáceas: albaricoque, cereza, manzana, melocotón y pera.
  • Otras frutas: fresa, limón, naranja y uva.
  • Hortalizas: col, espárrago, lechuga, tomate y zanahoria.
  • Frutos secos: almendra, cacahuete, avellana, castaña y nuez.
  • Hortalizas: col, espárrago, lechuga, tomate y zanahoria.
  • Cereales: cebada, maíz y trigo.

Su correcto diagnóstico permite hacer recomendaciones para evitar reacciones alérgicas severas.

Soy alérgico a la profilina, ¿qué es eso?

La profilina es una proteína que se encuentra en células tanto humanas, vegetales como de los insectos. Disponen de una estructura (con prolina) que ayuda al citoesqueleto celular, uniéndose a la actina. Ayudan al movimiento celular y también intervienen con el núcleo celular en la formación del ARN mensajero.

Al poderlas encontrar en vegetales, polen, látex e himenópteros (sus venenos) son parte importante de los alérgicos al polen y vegetales (10-30%).

La profilina podemos encontrarla en alergenos habituales como:

  1. Pólenes: Gramíneas, olea (olivo), chenopodium, cupresus (ciprés), platanus acerifolia (plátano de sombra), plantago, salsola y parietaria.
  2. Alimentos: melocotón, ciruela, plátano, lichi, naranja, sandía, manzana, melón, pepino, apio, cacahuete, soja, tomate y zanahoria.
  3. Látex: puede haber reactividad cruzada entre los alérgenos del látex y proteínas de ciertos alimentos (platano, castaña).

La alergia a la profilina puede manifestarse como una alergia inhalatoria o digestiva por ingestión de los alimentos. En ocasiones sólo se presentara como alergia de contacto con el alimento (síndrome oral).

Como nos habréis oído decir en la clínica, las pruebas cutáneas y serológicas sólo demuestran la presencia de IgE específica, pero no establecen la relevancia clínica.

Es necesario hacer el diagnóstico exacto para entender la sintomatología y plantear un tratamiento específico con inmunoterapia y/o exclusión del alimento.

Alergia, ¿qué hago aparte de los antihistamínicos?

Asma, rinitis y sinusitis acercamiento funcional

Sabe que los medicamentos de forma continua pueden tener efectos secundarios. Por ejemplo los esteroides anulan la producción de esteroides endógenos y ayudan a la sensibilización frente a los hongos. O los antihistamínicos de forma continua se han asociado con la demencia.

Existe la regla de las 6 R en el acercamiento funcional de las alergias:

  1. Reduzca los síntomas. Se pueden usar los antihistamínicos, los inhaladores de esteroides, los aerosoles nasales y los inhibidores de leucotrienos. Y otros como la inmunoterapia sublingual o subcutánea.
  2. Elimine la carga antigénica. Recuerde que es bastante probable que haya más de un antígeno en la película. A veces son alimentos, otras ambientales o mixtas. Intente disminuir la carga antigénica con una buena investigación. Evite la exposición a toxinas, sobre todo en la dieta. Los alimentos orgánicos y limpios son importantes para el paciente alérgico.
  3. Repare barreras. La sensibilización alérgica juega con la permeabilidad de las barreras. Intestino, piel, pulmones, nariz. El comienzo suele tener lugar con niveles altos de histamina.
  4. Restaure el microbioma. La disbiosis es parte de la patogenia de las enfermedades alérgicas. Modifique la dieta, use prebióticos, alimentos fermentados, alimentos prebióticos.
  5. Reemplazca los nutrientes necesarios con el objetivo de reducir la inflamación y desarrollar la tolerancia. Vitamina D, vitamina A, ácidos grasos omega 3, quercetina…Mejore la digestión, ayude con enzimas digestivas o mejorando el ácido clorhídrico estomacal.
  6. Reequilibre su respuesta inmune. Baje el nivel de adrenalina que estimula la liberación de los mastocitos. Reduzca el estrés que dificulta la integridad de la barrera intestinal.

Dieta para la inmunidad este invierno y los siguientes

No sólo el déficit de nutrientes por pobre calidad de los alimentos, sino la ingesta excesiva, la pobre salud intestinal y otros factores aumentan la susceptibilidad a las enfermedades.

Más del 70% del sistema inmunológico se encuentra en el intestino.

Si el intestino se ve comprometido, se vuelve hiperpermeable (también conocido como “intestino permeable”) y puede permitir que partículas de alimentos y toxinas no digeridas ingresen al torrente sanguíneo, lo que puede provocar una desregulación inmunitaria e inflamación crónica.

La dieta diversa debe ser rica en alimentos vegetales coloridos con antioxidantes y fibra.

Debe evitarse alimentos con alto contenido de azúcar, carbohidratos refinados como arroz blanco, pan blanco y pasta blanca, y alimentos altamente procesados ​​que contienen ingredientes y aditivos artificiales de mala calidad.

Los nutrientes clave que apoyan el sistema inmunológico incluyen vitaminas A, B, C, D, K y E, zinc, selenio, prebióticos y probióticos, ácidos grasos omega-3 y polifenoles como quercetina, curcumina y ácido rosmarínico.

  • Vitamina A : esta vitamina apoya la producción de inmunoglobulina A. La vitamina A también es necesaria para apoyar la alta renovación celular en el intestino, donde las células se regeneran constantemente para mantener la barrera sana. Las fuentes alimenticias de vitamina A y provitamina A (betacaroteno) incluyen hígado, boniato, zanahoria, calabazas de invierno y verduras de hoja verde oscura.
  • Vitaminas B: el folato, la vitamina B6 y la vitamina B12 intervienen en el metabolismo energético, la metilación del ADN y la regulación de la respuesta inmunitaria. Las fuentes alimenticias de folato incluyen hígado, legumbres, vegetales de hojas verdes (como repollo, brócoli, col rizada y espinaca) y alcaparras. Las fuentes alimenticias de vitamina B6 incluyen pescado, carnes, hígado, huevos, espinacas, boniatos, plátanos, patatas y aguacates. La vitamina B12 se encuentra solo en alimentos de origen animal, incluidas carnes, aves, pescado, mariscos, huevos y productos lácteos.
  • Vitamina C: este antioxidante aumenta la producción de glóbulos blancos y anticuerpos , aumentando la capacidad del cuerpo para combatir infecciones. La vitamina C también ayuda a proteger al cuerpo del daño colateral causado cuando nuestro sistema inmunológico entra en modo de ataque. Las dietas ricas en frutas y verduras tienen mucha vitamina C, pero las fuentes especialmente buenas son el kiwi, la guayaba, los pimientos y los cítricos.
  • Vitamina D: esta vitamina “del sol” disminuye la inflamación y estimula la actividad antimicrobiana. Apoya el microbioma intestinal. Los alimentos no se consideran una buena fuente de vitamina D, aunque se encuentran en cantidades muy pequeñas en el hígado de ternera, el aceite de hígado de bacalao, las yemas de huevo, el pescado, los hongos, las aves y las carnes. La exposición segura a la luz solar natural es la mejor manera de aumentar sus niveles de vitamina D y, por lo general, las personas con poca exposición al sol, piel más oscura, durante los meses de invierno más oscuros o quienes viven en latitudes más altas, necesitan suplementos.
  • Vitamina K: esta vitamina es compatible con el sistema inmunológico al reducir la inflamación excesiva. Los alimentos ricos en vitamina K incluyen verduras, huevos y carne de color verde oscuro.
  • Vitamina E: este antioxidante protege las membranas de las células inmunes del daño oxidativo. La vitamina E es soluble en grasa y, por lo tanto, se encuentra en varios alimentos con mayor contenido de grasa, como almendras, aguacate, nueces de Brasil, anacardos, avellanas, arenque, aceite de oliva, piñones y semillas de girasol. También se encuentra en verduras como espárragos, brócoli, verduras de hojas verdes, zanahorias y tomates.
  • Zinc : este antioxidante ayuda a prevenir el intestino permeable, reduce el estrés oxidativo y mejora el funcionamiento de las células reguladoras T, los neutrófilos y las células asesinas naturales, que son glóbulos blancos que ayudan al cuerpo a responder a las infecciones.  Buenas fuentes son ostras, semillas, nueces, carnes y hongos.
  • Selenio: este antioxidante protege las células inmunes del estrés oxidativo y estimula también el sistema inmunológico aumentando las células T y las células asesinas naturales. Fuentes son las nueces de Brasil, el pescado, los huevos, la carne y las semillas de girasol son fuentes adicionales de selenio.
  • Probióticos / prebióticos:  Lactobacillus, Bifidobacterium y Saccharomyces regulan la función inmunológica al inhibir el crecimiento de otras bacterias. Los alimentos fermentados como el chucrut, el kimchi y las verduras lacto-fermentadas son excelentes fuentes de probióticos. Los prebióticos son fibras no digeribles que alimentan a nuestras bacterias intestinales beneficiosas residentes, fortaleciendo así el revestimiento intestinal y el sistema inmunológico. Los alimentos prebióticos incluyen puerros, ajo, cebollas, tupinambo y raíz de achicoria.
  • Ácidos grasos omega-3: estos ácidos grasos de cadena larga ayudan al sistema inmunológico aumentando las bacterias intestinales buenas,  las células B, un tipo de glóbulo blanco que produce nuestros anticuerpos y reduciendo la inflamación. Los alimentos ricos en omega 3 incluyen pescado de agua fría (sardinas, salmón, anchoas, caballa, arenque), semillas de lino, semillas de chía y verduras de hojas verdes oscuras.
  • Quercetina: antioxidante, antiinflamatorio e inhibe la replicación viral. La quercetina se puede encontrar en alcaparras, verduras de hojas verdes oscuras, cebollas, manzanas, otras verduras y frutas coloridas y tés.
  • Curcumina:  derivado de la cúrcuma tiene efectos antivirales, antibacterianos y antiinflamatorios y juega un papel en la regulación del sistema inmunológico.
  • Ácido rosmarínico: este compuesto antioxidante, tiene cualidades antiinflamatorias, antibacterianas y antivirales y ayuda al sistema inmunológico. Se puede encontrar en hierbas como romero, menta, hierbabuena, tomillo, salvia, orégano, albahaca y bálsamo de limón.

Eje intestino pulmón. Cuide su intestino para tener salud respiratoria.

Salud respiratoria y microbioma: el eje intestino-pulmón

El asma es una de las enfermedades crónicas más comunes a nivel mundial que afecta a casi el ocho por ciento de las personas (más de 24 millones) solo en los EE. UU.

La aparición del asma en la niñez puede afectar el desarrollo de las vías respiratorias y persistir hasta la edad adulta. El asma del adulto acelera el deterioro de la función pulmonar y aumenta la susceptibilidad a las infecciones.

Las personas con asma tienen una inmunidad antiviral alterada. Presentan pobres respuestas de las citocinas y un mayor riesgo de hospitalización. Los adultos con asma suelen tener comorbilidades, como diabetes, osteoporosis, enf. cardiovascules, síndrome metabólico, etc.

Toda afección pulmonar crónica presenta un microbioma pulmonar alterado.

  • El microbioma influye en el sistema inmunológico del huésped. Las células inmunes en los pulmones se reclutan a partir de células inmunes preparadas en los linfáticos gastrointestinales.
  • Si existe una disbiosis gastrointestinal, es muy probable que exista una disbiosis oral y pulmonar. Los gérmenes de la boca son frecuentemente microaspirados durante el sueño. Por ello es necesaria una buena higiene bucal.
  • Por otra parte los lipopolisacáridosde las bacterias intestinales, median mucha inflamación sistémica a través de la estimulación de unos receptores llamados Toll-like 4. Favoreciendo la inflamación crónica a nivel bronquial.
  • Otro mecanismo es el nervio vago. Una disbiosis gastrointestinal puede dañar el nervio y favorecer que endotoxinas migren por él, provocando inflamación en distintos órganos, incluído el cerebro. Recuerde que hay tantas neuronas en el intestino como en uno de los hemisferios cerebrales.

Estos cuatro puntos hacen que la salud intestinal y la respiratoria estén estrechamente ligada.